Sobre El Ministerio del Tiempo y Timeless

Habitamos un país en el que habitualmente se niega el talento y donde creadores y guionistas estupendos son sometidos a las exigencias de unas empresas que no ponen ningún valor al riesgo, la originalidad y la creatividad, empresas que no confían en los espectadores y espectadoras y que buscan fórmulas simplonas y genéricas que puedan satisfacer gustos heterogéneos. Pretender sentar frente al televisor a toda la familia sigue siendo el objetivo de muchas productoras y cadenas de televisión, las mismas que aún contemplan las audiencias en términos que son propios de otra época donde la pantalla era una sola.
captura-de-pantalla-2016-11-08-a-las-15-06-12Este es, sin duda, el panorama general, un panorama en el que se nos venden ficciones que no están a la altura de nuestra inteligencia y en el que se nos acusa después de no ser lo suficientemente patriotas como para defenderlas frente a las que nos llegan de otros países. Pero ¿hablan nuestras series —en términos generales— del mundo en el que vivimos?, ¿nos plantean cuestiones sobre quiénes somos y cómo es la realidad que habitamos?, ¿utilizan un lenguaje audiovisual sofisticado acorde a nuestra formación como espectadores?. En absoluto. Podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que hay pocas excepciones a este hecho y que una de ellas es El Ministerio del Tiempo, una de las series más importantes de la ficción televisiva en España, la historia de dos creadores, Pablo y Javier Olivares, que, fieles a la honestidad y al amor por su profesión, lograron, luchando muchísimo, que se materializase nada más y nada menos que lo que ellos habían creado. Una suerte de triunfo del arte sobre la industria. Un paso gigantesco hacia la inclusión de la necesaria figura del showrunner en nuestra televisión. Pues bien, si lograr hacer la serie que querían fue un camino arduo, no fue más sencillo lo que vino después con las críticas constantes relacionadas con sus datos de audiencia (sí, al parecer aún estamos con esas). Pero, por si eso fuera poco, ahora el debate se centra sobre un plagio perpetrado (¿qué otra palabra podríamos usar?) por una productora estadounidense. Porque, al parecer, sí, hay gente que critica el derecho legítimo de un creador a demostrar que se ha producido una injusticia con aquello que, con tanto esfuerzo, ha levantado. Y aquí es donde aflora de nuevo ese rasgo tan propio de nuestro país: negar el talento, minusvalorarlo. Porque, total, El Ministerio del Tiempo solo es una de las mejores series que se han hecho nunca en España; solo ha conseguido crear un fandom sin antecedentes en nuestra televisión; solo ha sido admirada por historiadores, docentes y académicos; solo ha sido un halago a la inteligencia de los espectadores españoles.
captura-de-pantalla-2016-11-08-a-las-15-10-27Que Timeless es un plagio es un hecho. De nuevo la industria contra el arte. Muchos necios seguirán poniendo esto en duda como parte de una estrategia para menospreciar el verdadero talento, el que algunos se negaron a producir. Pero los que nos sentimos maravillados cuando vimos por primera vez el fantástico piloto de El Ministerio del Tiempo, los que ansiamos seguir viajando por sus puertas del tiempo muchas temporadas más, sabemos que la victoria moral es la de sus creadores y su equipo de guionistas. Al fin y al cabo han creado cultura, han erigido algo realmente significativo y han hecho historia de la televisión en nuestro país. ¿Y Timeless? Ha robado una historia para hacer solo una serie más. Entretenimiento sin encanto con un gran presupuesto. Un lugar que nadie volverá a visitar en el futuro (ni siquiera viajando al pasado).

The Walking Dead: lo de Negan

Esta entrada contiene spoilers

Los espectadores de The Walking Dead tenemos interiorizado que la espera es parte de nuestra experiencia como consumidores de una serie cuyas dosis siempre se nos antojan insuficientes. No obstante, nuestra paciencia se ha visto superada por el cliffhanger con el que se despedía la serie en su sexta temporada pues es, probablemente, el mayor de todos cuantos nos ha ofrecido la ficción. Seis meses estuvimos cargando con un incógnita que dio lugar a innumerables conversaciones y conjeturas. El debate no solo se centraba en lo que creíamos que iba a pasar, sino también en lo que queríamos que pasase. Y es curioso cómo lo que queremos que pase es, a menudo, contradictorio, porque éramos muchos los que exigíamos a la serie el valor de llevarse por delante a alguno de los personajes principales a costa de nuestro propio sufrimiento. Será que también hemos asumido que el dolor no solo es intrínseco a nuestra condición de fans de la serie de Kirkman sino que también es disfrutable.captura-de-pantalla-2016-10-25-a-las-15-14-43
No han sido pocas las críticas que el show de zombies recibió la temporada pasada, la mayoría de ellas centradas en el hecho de que sus decisiones se habían vuelto más cobardes, lo cual nos aportaba una tranquilidad impropia de una serie como ésta. Es cierto que tanto The Walking Dead como Game of Thrones han sabido regalarnos algo maravilloso: la sensación de desprotección como espectadores. Nosotros, acostumbrados a que nada malo les ocurriese a nuestros personajes favoritos, empezamos a ver morir protagonistas. Y eso nos encanta. Claro que The Walking Dead nos negó eso la temporada pasada y nos lo negó hasta tal punto que no nos creímos la falsa muerte de Glenn. Porque no. Porque hacía mucho tiempo que esas cosas ya no pasaban. ¿Cómo? ¿Qué? ¿Glenn? Imposible. Y nos llenamos de confianza (como los protagonistas) y eso no nos gustó. Ya no nos poníamos nerviosos. Ya no sufríamos. Hasta ayer. Porque resulta que, como Rick y compañía, fuimos víctimas de nuestra soberbia. La serie jugó con nuestras expectativas y nos dejó creer que ya nos conocíamos lascaptura-de-pantalla-2016-10-25-a-las-15-16-23 reglas del juego. Y así, el impacto fue de tal magnitud que no dábamos crédito a lo que estábamos viendo. No, la serie no estaba suavizándose, estaba preparando el camino para que el trauma fuese mayor. No es casual que el episodio de ayer nos fuese narrado desde el punto de vista de Rick (más allá de lo obvio, su protagonismo), porque, del mismo modo en que nos identificamos con su (falsa) seguridad durante la temporada pasada, compartimos su desconcierto, su frustración y su dolor en el momento en el que Negan, de la forma más cruel y sádica posible, le/nos dijo “tú no eres nada”. Y así, a golpe de bate nos dejó muy claro que somos sus títeres. Rick el suyo y nosotros el de la serie.
El capítulo de anoche fue un ataque directo a todas nuestras expectativas. Primero, nos hizo desconfiar de si se resolvería el gran misterio que había planteado o si tendríamos que esperar una semana más; después, nos decepcionó con la muerte de Abraham (ahí estábamos nosotros pensando otra vez que ya no eran capaces de tomar decisiones valientes); luego, nos destrozó con el gore visual y emocional que supuso la muerte, esta vez verdadera, de Glenn y, al final, dirigiéndose directamente a los lectores de los cómics en los que se basa, jugó con la idea de la amputación. El hacha, la mano, la mano y el hacha. Claro que, por último, por si nos pensábamos que Maggie se quedaría paralizada a merced de su dolor, la vemos haciendo acopio de fuerzas para seguir luchando.
Negan —un auténtico psicópata que nos hace pensar con nostalgia en el Gobernador— ha sido el catalizador del cambio, del “siempre se puede ir a peor”, la materialización de un hecho: las reglas del juego han cambiado. Y sí, de nuevo, estamos desprotegidos.

 

¿Superhéroes a mí?

Si cuando te recomiendan una serie de superhéroes piensas en lycra y entornas los ojos, este post es para ti. Tú, la persona que no soporta el maniqueísmo absoluto de los buenos muy buenos y los malos muy malos, la que disfruta de historias pintadas con una paleta dominada por los grises, la que sabe que en la lucha del bien contra el mal y del mal contra el bien no hay cabida para la rectitud moral. A ti te digo que Netflix tiene dos series para ti.
captura-de-pantalla-2016-10-20-a-las-20-22-32La primera es imprescindible y se llama Jessica Jones, como su personaje principal, una superheroína rota y oscura que tiene problemas para gestionar y expresar sus sentimientos. Jessica no lleva mallas. Jessica blasfema y bebe mucho. Jessica vive en una ambigüedad moral marcada por el desencanto y acompañada por una nostálgica música de jazz. Jessica habita el pasado y el presente y convive con muchos fantasmas. Ah, y, además, tiene superpoderes. Su némesis es un villano interesantísimo, tanto como la naturaleza de su relación con él. Los callejones decadentes de Manhattan son su escenario, la jungla en la que sobrevive y hace gala de su fuerza física y mental. Nuestra heroína está marcada por las dudas y construye su escudo con ellas. Dudas sobre sí misma, sobre su bondad, sobre su capacidad para amar y ser amada. Y con todos estos elementos, una inteligente historia se teje dando vida a personajes fascinantes con un universo femenino maravilloso. Y con Luke Cage, claro, el hombrecaptura-de-pantalla-2016-10-20-a-las-20-23-19 que da nombre a la segunda recomendación del post, la otra ficción de Netflix sobre superhéroes que no deja espacio a las capas y los antifaces. Luke Cage (la serie) surge como un spin-off de Jessica Jones (la serie también) porque Luke Cage (el personaje) tiene una compleja relación con Jessica Jones (el personaje también). Tan gris y destrozado como su compañera (con la que comparte traumas), el superhéroe de Harlem, más contenido en las formas, arrastra una soledad que él mismo se empeña en “cronificar” mientras intenta pasar desapercibido. Al menos al inicio del piloto. Porque, al fin y al cabo, uno ha de hacer lo que ha de hacer. Poco convencional en su estructura narrativa (y mucho menos tratándose de una serie de superhéroes), este show no solo ofrece una entretenida historia sino también una atmósfera muy auténtica que refleja la interesante cultura afroamericana.
Jessica Jones y Luke Cage (que, al parecer, terminarán por converger en otra serie en el futuro) son dos grandes opciones para aquellos que disfrutan de las obras con personalidad propia y de los personajes tridimensionales. Y son, además, una muestra de cómo el universo de Marvel puede dejar de lado el brillo y el colorido para satisfacer a otro tipo de espectador que nunca se imaginó a sí mismo disfrutando de los superhéroes.
Y si después de lo dicho no te he convencido echa un vistazo a sus secuencias de apertura. Si con eso no te he ganado para la causa, me rindo. O quizás no. Ellos (Jessica y Luke) nunca lo harían.

 

Espectador/a compulsivo/a vs. espectador/a paciente. ¿Cuál eres tú?

Hubo un tiempo no tan lejano —pero sí mucho más incómodo— en el cual todos los espectadores de ficción seriada estábamos obligados a la resignación de la espera semanal, que convertía el tiempo entre capítulo y capítulo en una especie de tortura generadora de una ansiedad extrema. El consumo de una serie estaba, así, condicionado por la programación televisiva. No había opción: o eras espectador paciente o, simplemente, no eras espectador.
captura-de-pantalla-2016-10-11-a-las-19-21-16¿Qué pasa en los tiempos que corren? Pues que el medio de comunicación de masas por excelencia, estableciendo una potente alianza con las nuevas tecnologías y, especialmente, con Internet, nos ha otorgado una mayor capacidad de decisión sobre nuestras experiencias de consumo. Nuestros antaño pobres intentos de ver algo cuando nosotros queríamos con la ayuda de los vídeos programables, han dado paso a una nueva dinámica en la que no solo decidimos el momento sino también el lugar y el soporte. Las combinaciones posibles son muchas: en el sofá con mi sistema de VOD, en el tren con mi tablet, en el avión con mi portátil, en el metro con mi móvil…Y es más: la agonía de la espera, en muchas ocasiones, se ha acabado. Varias son las plataformas que ofrecen temporadas de series completas para que nuestra ansiedad entre capítulo y capítulo se disipe en un minuto a través de un click. También los estrenos han cambiado en muchos casos y, así, Netflix, por ejemplo, pone a nuestra disposición todos los capítulos de sus nuevas series de golpe. Y aquí viene lo interesante: como si de un buffet libre se tratase dejan a nuestro criterio decidir si nos pegamos o no un atracón. ¿Ha mutado el que en su momento fue espectador paciente en espectador compulsivo? No siempre y no en todos los casos. De hecho, podemos afirmar rotundamente que, en la actualidad, ambos especímenes conviven (sin entenderse demasiado). Veamos cuáles son sus rasgos distintivos:
– El espectador compulsivo: es fácilmente reconocible por su capacidad para devorar un capítulo tras otro con un apremio incontrolable. Es esa persona que, cuando le recomiendas una serie, te pregunta “¿pero ya terminó?, ¿está completa en algún sitio?” y, por si te quedan dudas, añade “es que no me gusta esperar”. El espectador compulsivo es incluso conocido por su rechazo a engancharse a una serie que no ha concluido. Es ése o ésa que se ha visto la nueva temporada de House of Cards en un fin de semana. ¿Su mayor desventaja? Que su voracidad hace que la espera entre temporadas (y ésta sí es inevitable en el caso de las series que no han finalizado) se haga mucho más larga.
– El espectador paciente: es, ni más ni menos, el que, por una suerte de placer masoquista, disfruta de la agonía de la espera. Se caracteriza por tomarse su tiempo entre capítulo y capítulo y por reprimir sus ganas de ver más con tal de alargar su período de convivencia con la serie. ¿Su desventaja? Está a merced de los spoilers.
En mi caso, me reconozco de forma instantánea en el segundo grupo. Mi contención, os digo, es admirable. Tardé meses en terminar de ver Jessica Jones, disfruto esperando el nuevo capítulo de The Walking Dead cada semana y no hay cliffhanger que pueda conmigo. Tengo Netflix y me encanta la libertad del dónde y del cuándo, pero todo ese buffet increíble que me ofrece lo convierto en pequeñas raciones de placer. Soy como el pequeño Charlie dando mordisquitos a sus chocolatinas Wonka. Aunque yo ya tenga la fábrica entera.
¿Y tú? ¿Qué tipo de espectador/a eres?

 

 

Frikjent (Absuelto): el nordic noir está de moda

Un importante número de series escandinavas ha llegado a nuestro país en los últimos años para dejarnos claro que las ficciones televisivas estadounidenses no lo son todo y que merece la pena que nos fijemos también en lo que se está haciendo en Europa.
Productos como Forbrydelsen o Bron/Broen nos han hecho dirigir nuestra mirada al norte que tanto idealizamos y nos han mostrado historias oscuras en lugares donde no podíamos imaginar que hubiese hueco para violencia. El nordic noir, conjuntamente con la aceptación de las miserias propias que valientemente exhiben estas producciones escandinavas, está, no hay duda, de moda entre los seriéfilos, que siempre estamos buscando otra serie nórdica a la que seguir.
captura-de-pantalla-2016-10-04-a-las-16-19-56El pasado 3 de agosto se estrenaba en Movistar+ una ficción televisiva de origen noruego que, dado el enorme éxito que supuso en su país, nos prometía más disfrute frío y gris. La serie en cuestión se llama Frikjent (traducida aquí como Absuelto) y se centra en la historia de un hombre que vuelve a su ciudad natal tras años de un “autodestierro” impuesto por una desagradable situación: el asesinato de una joven, su antigua novia, un terrible crimen del que fue acusado y, finalmente, absuelto.
Reconvertido en exitoso hombre de negocios y padre de familia, el protagonista se enfrenta a su pasado regresando a la comunidad que le dio la espalda tras la conmoción del espantoso suceso, una comunidad que, por otro lado, nunca dejó de considerarlo culpable. Si bien su excusa para regresar se esconde tras los negocios, poco a poco la historia va adquiriendo un cariz mucho más personal y las tramas y subtramas se presentan cada vez más encaminadas a la resolución del misterio del crimen, un caso que permaneció abierto durante veinte años y que dejó en la ciudad un fantasma omnipresente.
Es cierto que la historia —aunque no es nueva— es realmente atractiva, no obstante, la serie no está a lacaptura-de-pantalla-2016-10-04-a-las-16-21-12 altura de las ficciones nórdicas que ahora mismo tomamos como referentes y que nos han convencido de que veamos las obras que se crean en sus países de origen. Según avanzan las tramas, el guión va mostrando unos puntos flacos que debilitan la historia y se hacen más evidentes en algunos de sus ineficaces o desacertados diálogos ­—de todos modos, dado que no he llegado aún al final me es imposible hablar de la ficción en su conjunto—, lo que confiere a Absuelto un cierto regusto a telefilm de sobremesa en algunos momentos.
captura-de-pantalla-2016-10-04-a-las-16-20-08Sin embargo, a pesar de lo comentado, no dudaría en recomendar esta serie, pues una vez reubicada y redefinida más allá de toda expectativa inicial —muy alta, en mi caso— el disfrute está garantizado a través del misterio que presenta y de su magnífica fotografía. Y para que veáis de lo que os hablo, os dejo, además de las imágenes, su intro, donde unos hermosísimos paisajes se funden con los personajes/actores. Y sí, esto tampoco es nuevo, pero es muy bonito.

 

 

 

 

 

¿Es machista Juego de Tronos?

Me sorprende mucho escuchar o leer a alguien calificar de forma rotunda Juego de Tronos como machista, sobre todo teniendo en cuenta el desarrollo de sus personajes y tramas en las últimas temporadas. Me pregunto si las personas que hacen estas aseveraciones han visto la serie más allá de la brutalidad de ciertas imágenes en las que se muestra violencia contra las mujeres —que, desde luego, las hay—. Esto me conduce a la primera cuestión: ¿Mostrar el machismo es lo mismo que posicionarse a su favor? Para mí, la respuesta está muy clara: en absoluto.

captura-de-pantalla-2016-09-26-a-las-17-29-55Las historias que se tejen en Juego de Tronos transcurren en un universo con una estructura heteropatriarcal indiscutible, un universo que remite a una época que podemos fácilmente identificar con la Edad Media, donde las mujeres estaban enormemente oprimidas. Este es también el caso de las protagonistas de esta ficción, que ven como sus voluntades, sus destinos y sus cuerpos son constantemente sometidos a los deseos de sus congéneres. Estas mujeres son violadas y maltratadas y están recluidas en pequeñas parcelas que restringen su libertad. No obstante, no es posible encontrar escenas, secuencias o tramas donde podamos apreciar un posicionamiento moral positivo hacia el machismo. De hecho, las protagonistas de la serie —y de las barbaries mencionadas—, se oponen a él y lo cuestionan continuamente porque ellas son, además, personajes con muchas aristas y un grado de importancia en la obra que es igual o superior al de los hombres.

En Juego de Tronos hay mujeres valientes que se enfrentan abiertamente a los roles de género, como captura-de-pantalla-2016-09-26-a-las-17-30-36Arya, Yara o Brienne, capaces de conquistar las habilidades y espacios tradicionalmente masculinos —incluidos los burdeles, en el caso de la segunda— o de salvar a los hombres, como hace Meera con Bran. Por su lado, Cersei se mueve por su ambición de conquistar el poder directa o indirectamente, por encima del amor y de la maternidad. Daenerys, que comenzó la serie siendo vendida y violada, consiguió adueñarse de su propia sexualidad y dirigir a todo un ejército, convirtiéndose en la “madre de dragones”, apropiándose del concepto de la maternidad y convirtiéndolo en un sinónimo de poder temible. La kahleesi no duda tampoco en dejar de lado su relación con Daario para perseguir sus ambiciones y establece una sororidad con Yara Greyjoy que promete ser muy interesante. Tampoco podemos dejar de mencionar a Lyanna, Señora de la Isla del Oso, cuya determinación se impone a la de cualquier hombre adulto. ¿Y Sansa? No permite que las violaciones por parte de su marido la conviertan en una víctima, en una mujer rota que ya solamente es digna de compasión: marcada para siempre. No, Sansa ayuda a recuperar Invernalia aún después de que sus consejos sean desoídos por los hombres y se cobra su venganza dejando claro a Ramsay que lo que le hizo no determinará quién es.

captura-de-pantalla-2016-09-26-a-las-17-39-03Juego de Tronos es una serie con una fuerte presencia femenina donde las mujeres no son simples accesorios al servicio de tramas protagonizadas por hombres. El machismo que esta ficción muestra es combatido por unas protagonistas que utilizan los pocos recursos que tienen a su alcance para dominar sus destinos y luchar contra el patriarcado. Me parece complicado, por tanto, acusar a esta serie de machista escudándose en la violencia que sufren las mujeres que la protagonizan sin mirar más allá de unas imágenes cuya brutalidad deja claro, por sí sola, lo abominable que es la idea que subyace tras lo que retrata. Porque lo que debemos pensar es que hay muchos shows que no evidencian el machismo sino que lo integran en sus tramas a través de personajes e historias basados en estereotipos sexistas, mostrando elementos machistas como parte de una normalidad establecida. Shows que son para todos los públicos. Y a mí eso sí que me preocupa.

Sorpresas que dan los Emmy

Por todos es sabido que los premios Emmy se definen por su carácter altamente predecible, de modo que aquellos nominados que se señalan como favoritos suelen terminar con los premios en sus manos. Esto se repite año tras año en un porcentaje bastante elevado. Del mismo modo, sabemos también que la Academia tiene fijación por ciertos shows y sus actores y actrices —pensemos, por ejemplo, en su obsesión por Downton Abbey. Es maravillosa, sí, pero hay series más allá de ella—.

captura-de-pantalla-2016-09-20-a-las-21-20-11Este año, el patrón se ha repetido en algunos casos. Así, Juego de Tronos lograba batir el récord de premios Emmy de Frasier, y American Crime Story: The People vs. O.J. Simpson se hacía con muchos de los galardones que se le auguraban. Entre ellos el de Sarah Paulson, que no solo logró una interpretación asombrosa sino que a través de ella dignificó a la vilipendiada Marcia Clark dándole la profundidad que las parodias le habían negado durante años. Que la actriz se llevase a la abogada con ella y le dedicase gran parte de su discurso de aceptación fue, por cierto, de lo mejorcito de la noche.

Del mismo modo, Transparent obtuvo lo que esperábamos todos —el propio presentador de la gala, Jimmy Kimmel, bromeó con ello entregándole la estatuilla a Jeffrey Tambor al comienzo del evento— y su creadora y su actor principal se llevaron sendos premios. Ambos aprovecharon sus respectivos discursos para denunciar el patriarcado y pedir más respeto y visibilidad para la comcaptura-de-pantalla-2016-09-20-a-las-21-20-43unidad transgénero. Esto ocurrió en una noche donde el protagonismo de la diversidad dejó en evidencia a los premios Oscar, demostrando que la televisión está mucho más próxima a la realidad y que funciona como un mejor reflejo de ésta.
Tres premios fueron para tres actorazos negros: Sterling K. Brown, Regina King y Courtney B. Vance, mientras que Kelvin Yu y Aziz Ansari —ambos de origen asiático— recogieron el galardón al mejor guión de comedia por un episodio que versa, precisamente, sobre sus raíces.
captura-de-pantalla-2016-09-20-a-las-21-19-56Pero dos fueron los premios que causaron las grandes sorpresas de esta edición: el de Tatiana Maslany y el de Rami Malek, que compartían nominaciones con actores y actrices de peso. Su talento es inmenso y su trabajo, en ambos casos, totalmente admirable, si bien nadie esperaba que pudiesen imponerse a veteranos como Kevin Spacey o Robin Wright, de lo cual nos alegramos enormemente, dicho sea de paso.
También en comedia dieron la sorpresa un actor y una actriz: Louie Anderson y Kate McKinnon, aunque Veep se llevó después todo lo que le anticipábamos.

Este año se han apreciado en los Emmys algunas diferencias con respecto a ediciones anteriores. Ojalá esto marque una tendencia que continúe trayéndonos soplos de aire fresco y más diversidad. Y ¿por qué no? un poquito de The Walking Dead y de The Leftovers, a poder ser.