Día Internacional de la Mujer: la lucha feminista en la ficción

La reivindicación de que las mujeres somos personas, con todo lo que ello implica, es el objetivo principal de un día como el de hoy en el que, por desgracia, reina la condescendencia en forma de felicitaciones que rezan que merecemos respeto porque somos amorosas madres, delicadas hijas o bonitas hermanas. Nuestra categorización la establece el rol que ocupamos y nuestra legitimación, como poseedoras de un género (en realidad impuesto), proviene de nuestra capacidad para adaptarnos al papel que se nos ha asignado.
Que las mujeres somos personas parece un hecho bastante obvio. Y, sin embargo, no lo es. No deja de ser una evidencia que estamos relegadas a un constante segundo plano en los ámbitos social, profesional y familiar. Y resulta que el mayor de los problemas ni siquiera es ese: el mayor de los problemas es que este hecho fehaciente es constantemente puesto en duda, ocultado e incluso negado. O peor: revestido de naturalidad.
Esto hace que parezca una buena idea anunciar que la normalidad es otra, lo cual, por muy cierto que sea, no deja de antojarse un acto de subversión. Afortunadamente (y sí, ya hemos hablado de esto) el feminismo brilla en la televisión gracias a algunas series creadas y protagonizadas por mujeres muy valientes e inteligentes. Mujeres que se exponen, baluartes de una lucha que nos pertenece a todas. Así que en un día como hoy y atendiendo al panorama televisivo actual, nos apetece hablar de dos series que están siendo emitidas ahora mismo. Dos pedazo de series, concretamente: Girls y The Good Fight.
La primera no necesita presentación ni defensa alguna, pues, a estas alturas, ya todos sabemos que la de Lena Dunham es una de las mejores ficciones de los últimos años y uno de los shows feministas más relevantes de la última década. En esta temporada ­—con la que tristemente se despide—, la sobresaliente e inteligentísima escritora (y directora, y productora y actriz) ha logrado vigorizar aún más su mensaje gracias a un tono más sofisticado que refleja su madurez. Lo que Lena Dunham exhibe en su serie es un conjunto de reivindicaciones que suscitan reflexiones necesarias y muy profundas, poniendo énfasis en aquellos asuntos, de índole muy diversa, que amenazan con cortarnos las alas a las mujeres. Especialmente a las mujeres jóvenes. Y es que Girls nos ofrece un espejo en el que mirarnos. Uno realista. Uno que nos devuelve la imagen que nos corresponde y que se aleja de la visión distorsionada con la que habitualmente nos asfixian los medios de comunicación.
La última temporada de Girls tiene visos de convertirse en un ejercicio de escritura perfecta. Con un tono desencantado, su autora aborda la crisis de los treinta años (porque sí, esto existe) y trata temas muy interesantes de manera brillante. Es especialmente destacable el episodio “American Bitch”, que se centra en el, en apariencia, complejo asunto del consentimiento. En apenas media hora, podemos asistir al proceso en el que una mujer inteligente y feminista, segura de sus ideas y dueña de su cuerpo, es sutilmente convertida en víctima de abusos sexuales. Porque, al final, el machismo (casi) siempre se impone.
En cuanto a The Good Fight, el spin off de The Good Wife, solo cabe decir que merece la pena por el simple hecho de estar protagonizada por tres mujeres cuyas características las relegarían, en cualquier otra ficción, a un plano totalmente secundario: una sexagenaria, una mujer negra y una lesbiana. Porque en otro producto ellas jamás gozarían de individualidad, jamás serían presentadas como personas independientes sino que sus apariciones estarían justificadas por roles asignados (y, probablemente, al servicio de hombres): madre de, amiga de, novia de, hija de. Que sea revolucionario que un show presente estas tres protagonistas es realmente desolador. Pero, al mismo tiempo, es esperanzador que por fin ocurra.
Hoy es un día para reivindicar, para hacer visible nuestra lucha por redefinir lo femenino, para mostrar que seguimos en la resistencia, para reclamar nuestra individualidad. Lena Dunham lo hace. Diane Lockhart lo hace. Y nosotras también. Hoy y todos los días.

“Fight the fight”.

 

Crazy Ex-Girlfriend: sátira musical

captura-de-pantalla-2017-02-04-a-las-13-11-16La semana pasada, un hombre me dijo que las mujeres no encontraban su lugar en la comedia y que no era posible hallar todavía figuras femeninas que se pudiesen equiparar a los grandes y consagrados cómicos. Sacar de su error a alguien que frunce el ceño cuando le mencionas a Lena Dunham, a Tina Fey, a Amy Phoeler, a Amy Schumer, a Issa Rae, a Tig Notaro, a Sharon Horgan, a Phoebe Waller-Bridge o a Kristen Wiig (porque no se molesta en conocerlas), da mucha pereza. Claro que el humor de estas brillantes mujeres se basa principalmente en eso: en reírse del machismo y de las asunciones que de él se derivan. Pasar por encima del sexismo y burlarse de los estereotipos de género es un elemento que tienen en común algunas de las mejores cómicas de la actualidad, a las que recientemente se ha sumado la premiada Rachel Bloom, co-creadora y protagonista de la curiosa Crazy Ex – Girlfriend.
Aunque la serie de The CW no se sitúa al nivel de Girls, Catastrophe o Fleabag —de hecho se presenta como un producto mucho más ligero— no está exenta de sátira y ofrece momentos bastante subversivos. Sirviéndose de la apariencia de comedia romántica musical, la ficción rompe a menudo con el tono que su estética y su temática parecen prometer para cuestionar los macro y micromachismos que campan a sus anchas a nuestro alrededor. Resultan especialmente interesantes en este sentido las escenas musicales, en las cuales la mordacidad se hace más evidente y donde Bloom demuestra su valía (y valentía) en mayores dosis.
Porque cuando hablamos de machismo ningún asunto es baladí y de ello parece hacerse eco lacaptura-de-pantalla-2017-02-04-a-las-13-10-42 protagonista de esta serie. Aspectos como la esclavitud de lo sexy son expuestos y reducidos al ridículo, porque resulta que crear la ilusión de que somos perfectas tiene una cara que se aleja bastante de ser atractiva. Rachel Bloom la exhibe para dejar en evidencia ese absurdo pacto según el cual los hombres (o muchos hombres) prefieren asumir que venimos sin pelos de serie y según el cual nosotras nos escondemos para quitárnoslos y evitar que se descubra así la realidad de nuestros vellos (o de nuestras miserias celulíticas, o de nuestras lorzas, o de nuestras estrías). Podemos ver un ejemplo de ello en The Sexy Getting Ready Song, donde la protagonista ironiza sobre su proceso de preparación para una fiesta (resulta especialmente divertida la intervención del rapero, por cierto).
Otros temas como la supuesta competitividad entre las mujeres o nuestro presunto carácter envidioso son tratados en algunos de sus episodios y cuentan con sus propios clips musicales, como es el caso de Feeling Kinda Naughty, donde la protagonista habla de que desea tanto parecerse a la novia de su ex que querría secuestrarla y encerrarla en un sótano para robarle su identidad. Porque, según muchos piensan, ese es el sentimiento común a todas las féminas del mundo. Existo, luego envidio. “Démosles un poco de eso”, ha pensado Bloom. Y se ha sacado otro temazo de la manga. Y es que, al final, los hombres son los que nos comparan y nosotras las que nos llevamos la fama de competir. “Riámonos de ello”. Dicho y hecho.
Decir que las mujeres no han encontrado su lugar en la comedia es no entender nada. Y, de paso, es dar munición a todas estas brillantes escritoras y actrices que se ríen de tipos que piensan así. Porque mientras Rachel Bloom y compañía sigan siendo tan valientes e inteligentes como para exponerse de este modo a sí mismas y cuestionarlo todo, el mundo será un lugar mucho más divertido y libre para las mujeres. Y nosotras necesitamos más de eso. Pero resulta que vosotros también.

 

 

 

Betty Draper: la identidad como cárcel

He admitido en numerosas ocasiones que las mujeres de Mad Men me han cambiado la vida proporcionándome un punto de vista y un espacio de identificación muy amplio. Tras la perfección estética, un contexto supuestamente remoto y una esencia pausada y contemplativa (superemos de una vez el “en Mad Men nunca pasa nada”) se esconden una serie de verdades que son tan mías, tan nuestras, tan de las mujeres, que abruman. Conectar el pasado con el presente y descubrir que, en realidad, poco o nada ha cambiado, es una realidad a la que esta ficción nos ha obligado a enfrentarnos.
Las protagonistas de Mad Men han sido ampliamente estudiadas, como conjunto e individualmente. Sus evoluciones han sido escrutadas, sus frases han sido repetidas y sus conductas han sido analizadas. No obstante, hay un personaje femenino con que el que hemos sido profundamente injustos: Betty Draper.
captura-de-pantalla-2017-01-27-a-las-15-07-32La identidad, esa cuestión que se ha erigido como tema central de la serie, ha adquirido carices más profundos en lo que a las mujeres se refiere y es especialmente fascinante en el caso de Betty, aunque nos hayamos negado a verlo. Porque el doloroso debate entre “lo que debo ser y lo que quiero ser” es más intenso y desolador en lo que atañe a este personaje femenino, víctima de su propia máscara, incapaz de trazar una línea divisoria entre sus rasgos identitarios y su verdadero yo. Betty hace todo lo que se espera de ella y no obtiene nada de lo que le habían prometido. Y así, encorsetada, víctima de su belleza y su dulzura, atrapada por la imagen que proyecta, termina por descubrir la mentira sobre la que ha sustentado su vida. Pequeños actos de rebeldía, pequeñas explosiones, delatan su corazón roto. Y nosotros la juzgamos por salirse de su papel y la convertimos en uno de los personajes menos queridos de la serie —en uno de los más incomprendidos en realidad—. Porque lo que Betty hace es intentarcaptura-de-pantalla-2017-01-27-a-las-15-09-11 salir de la cárcel en la que la ha encerrado una identidad construida con valores impuestos, luchar por sacudirse la culpa y tratar de ser feliz. Injustamente para ella, la vida no se lo permite, y, aceptando estoicamente su destino, le hace a su hija el mayor de los regalos liberándola de las cadenas que la sujetaban: “I know your life will be an adventure”.
Reivindicar a Betty se hace necesario porque ella encierra muchas historias y muchas mujeres. Porque ella es Mad Men en esencia pura. Porque ella nos recuerda que el modo en el que pensamos de nosotras mismas, aquello que nos han contado que nos define, nos confina en una jaula en la que no hay cabida para nuestros verdaderos sueños.

The Affair: intriga emocional in crescendo

captura-de-pantalla-2017-01-15-a-las-22-11-21The Affair comenzaba narrando la historia de un hombre y de una mujer que se conocían por casualidad. No habían hecho planes, no se habían buscado y no habían decidido enamorarse. Pero lo hacían, provocando, a través de una relación imprevista, el cruce entre la vida de cuatro personas, de dos parejas, de dos historias construidas a lo largo de años de planes y de conversaciones acerca del futuro. The Affair comenzaba hace tres temporadas con lo que podríamos considerar un lugar común: una relación que surge de una infidelidad que deja dos parejas rotas; si bien lo hacía utilizando un recurso narrativo que la dotaba de mayor originalidad: el de mostrar una misma historia desde las diferentes perspectivas de sus protagonistas. Allison y Noah focalizaban, según su experiencia subjetiva, los hechos acontecidos entre ellos.
Este modo de presentar la historia nos atrajo al ofrecernos el placer de observar el mismo relato desde diferentes ángulos, proporcionándonos unas deliciosas dosis de ambigüedad. En este sentido, es curioso ver cómo divergen las conversaciones, las conductas o determinados matices de los acontecimientos, pero es más llamativo aún cómo difieren las apreciaciones de los protagonistas sobre su lenguaje corporal o incluso su vestuario: Noah percibe a Allison como una mujer con una sensualidad desbordante que, en la versión de ella, en su visión sobre sí misma, no figura por ninguna parte. Sin embargo, el recurso narrativo que caracteriza la serie tiene una parte negativa que se hizo patente, sobre todo, hacia el final de su primera temporada: se presta al desarrollo de un guión tramposo.
No obstante, dos años y varios capítulos después de aquel comienzo, podemos comenzar a considerar The Affair como una de esas series que crece en cada entrega. Lo hizo en la segunda incorporando más puntos de vista al relato (los de las ex parejas) y en la tercera consolidando un universo femenino muy interesante.
The Affair es un retrato de personajes, un intento por ahondar en la felicidad e infelicidad de unascaptura-de-pantalla-2017-01-15-a-las-22-11-57 personas cuyos infinitos matices nos confunden a la hora de emitir juicios de valor. En The Affair no hay buenos ni malos, hay seres humanos acertando y equivocándose, buscando desesperadamente algo auténtico dentro y fuera de sí mismos y haciéndose daño en el intento. Cuando parece fácil odiar a Noah, nos encontramos compadeciéndolo; cuando estamos convencidos de la fragilidad de Allison, descubrimos su fortaleza; cuando creemos entender a Jackson, ocurre algo que nos confunde sobre aquello que lo motiva. Y, después, está Helen: maravillosa contradicción.
El proceso de profundización en los personajes de este show está, además, en sintonía con un gran manejo de la intriga y del suspense, generando un misterio que va más allá de los acontecimientos para centrarse en las emociones. Porque, al final, The Affair es una serie sobre un grupo de personas que desean amar y ser amadas. El problema es que nadie les ha enseñado cómo hacerlo. Y ahí es cuando, tal vez, terminen por descubrirse solas.

 

Mis momentos seriéfilos del 2016

La ficción nos ayuda a pensar la vida, a ser diferentes personas en diferentes historias, a sentir, a conectar con nosotros mismos y a buscarnos en otros. El mundo sería un lugar tan insoportable sin la ficción como la vida lo sería si dejásemos de soñar despiertos.
Y ya que recordar los eventos destacables parece una tradición obligatoria cuando un año llega a su fin, hagamos acopio también de nuestras vivencias seriéfilas, aquellas que han mejorado sustancialmente nuestra existencia llenándola de OMGs y WTFs. He aquí algunos de mis momentos favoritos:

  • Girls y “The Panic in Central Park”: porque si alguien sabe apelar al corazón de una treintañera captura-de-pantalla-2016-12-31-a-las-18-44-12millennial aquejada de insatisfacción crónica como yo, esa es Lena Dunham, quien con ese episodio, EL EPISODIO, enfrentó a Marnie con sus propias dudas sobre sí misma, desnudándola por completo: “I just didn’t want to give up on yet another dream (…) I just don’t know who I am right now. I’m like a ghost of myself. I don’t know what I’m doing here or anywhere else.”

  • El final de The Good Wife: 2016 fue el año en el que nos despedimos de La Florrick. Sus creadores supieron cuándo y cómo cerrar una historia que empezó y terminó con una bofetada que representa a la perfección la evolución de la protagonista: de humillada a humilladora, de injuriada a injuriadora, de víctima a verdugo.

  • El final de Vis a Vis: las presas de Cruz del Sur, que demostraron que otro tipo de personajescaptura-de-pantalla-2016-12-31-a-las-18-45-20 femeninos era posible en las series españolas, nos dijeron adiós de un modo bastante más que digno y nos dejaron con dos cosas: ganas de más y esperanzas para el futuro de nuestra ficción televisiva.

  • Riley Keough, la Christine de The Girlfriend Experience: una maravillosa y valiente actriz llegó a nuestras vidas para quedarse en una serie que fue, por otro lado, una de las sorpresas del año. Ver como la Keough logra el equilibrio perfecto entre frialdad y fragilidad es un gustazo.

  • captura-de-pantalla-2016-12-31-a-las-18-46-49El Ministerio del Tiempo y “Cambio de tiempo”: el subversivo episodio con el que despidió su temporada la serie de los hermanos Olivares hizo que los espectadores nos sintiésemos, como pocas veces, orgullosos de nuestra televisión pública. Una determinada Amelia Folch lideraba la lucha por la libertad y daba, de paso, unas cuantas lecciones de feminismo.

  • Game of Thrones y “Battle of the Bastards”. Y Samsa. Y Cersei: una batalla increíble que ya se ha convertido en una de las secuencias más impactantes de la historia de la televisión, una Samsa demostrando su valía y una Cersei vengadora excelsa nos regalaron grandes momentos en una serie que ya deja claro que Westeros pertenece a las mujeres.captura-de-pantalla-2016-12-31-a-las-18-47-13

  • Eleven: el personaje de Stranger Things interpretado por la genial Millie Bobby Brown es de lo mejor que nos ha dejado el verano. La fortaleza y la ternura de esta niña han conquistado hasta el más duro de los corazones. Pon una Eleven en tu vida. Sin duda, será mejor.

  • Sarah Paulson y su Marcia Clark: la interpretación televisiva del año ha logrado dignificar y reivindicar a una persona de carne y hueso en American Crime Story. Poco más que añadir.

  • Lo que hizo Negan: el primer episodio de la séptima temporada de The Walking Dead nos destrozó el estómago, el corazón y las expectativas llevándose a ese personaje que casi considerábamos intocable y presentándonos a un villano demasiado carismático como para que podamos odiarlo en serio.

  • captura-de-pantalla-2016-12-31-a-las-18-48-02La coreografía de American Crime (episodio 5): el relato hiperrealista que nos ofrece esta serie muestra una espiral de tragedias interrelacionadas donde afloran toda clase de prejuicios (los de los personajes y también los de los espectadores). El espectáculo de danza del quinto episodio, que la mayoría de los miembros de la comunidad implicada presencian, resume con precisión y belleza poética todos los conflictos argumentales que presenta la ficción en su segunda temporada.

  • Fleabag y Phoebe Waller-Bridge: mi descubrimiento seriéfilo del año. Una ficción inteligentísima protagonizada por una actriz brillante. Ante este tándem maravilloso la identificación por parte de una mujer en la treintena como yo es inmediata: un flechazo absoluto. Y, de paso, se ríe del patriarcado en su cara.

La ficción ha llenado incontables horas de nuestro 2016 y nos ha regalado momentos de una intensidad capaz de secuestrarnos emocionalmente. Que el 2017 nos traiga más de esto, porque esto nos da la vida.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Black Mirror: vacaciones en San Junipero

captura-de-pantalla-2016-12-16-a-las-15-33-04Black Mirror ha creado un nuevo concepto y se ha convertido en un género en sí mismo, un género que ha hecho muchas aportaciones a unos espectadores expertos que se han encontrado ante nuevos desafíos y que han absorbido las reglas del lenguaje que plantea para interiorizarlas en su imaginario. Porque, ahora, cuando decimos que algo es “muy Black Mirror” todos sabemos a qué nos estamos refiriendo.
Tal vez ese sea el motivo por el cual su nueva temporada se nos haya antojado menos transgresora —sobre todo en sus primeros episodios—. Estamos tan familiarizados con su universo que ya no somos fáciles de sorprender. La propia serie nos ha proporcionado herramientas para anticiparnos a su juego, si bien esto, desde luego, no devalúa la maestría de sus episodios —algunos auténticas obras maestras contemporáneas—, sino que nos hace más partícipes de ellos.
Su creador, Charlie Brooker, que ha firmado otras maravillas como Dead Set, se ha erigido ya como uno de los autores con más personalidad del momento. Su visión única hace de sus ficciones auténticas entidades ideológicas, objetos de reflexión que hablan sin piedad sobre nosotros mismos y que suscitan preguntas aterradoras. Cada episodio de Black Mirror supone un mazazo que nos deja asustados, aturdidos, llenos de dudas y profundamente incómodos. Y aún así queremos más. Reconocernos a nosotros mismos, aunque no nos guste la imagen que nos devuelve el espejo, nos encanta.
Black Mirror es esa serie que tiene episodios buenísmos y episodios brillantes. Los buenísimos son casi todos. En cuanto a los brillantes, hay uno por temporada: “The Entire Story of You” fue el de la primera y “Be Right Back” el de la segunda. En cuanto a esta nueva entrega, no hay duda: “San Jupinero” es el que se lleva el primer premio.
Los tres episodios tienen en común un enfoque intimista centrado en el amor, la pérdida y el modo en el que gestionamos nuestro pasado y nuestros recuerdos. Charlie Brooker convierte a las nuevas tecnologías en un pretexto argumental para hablar sobre nuestra propia condición como seres humanos en estas tres historias cuyo nivel de profundidad exige unas cuantas revisiones.

(A partir de aquí hay spoilers del episodio)

No obstante, “San Jupinero” ofrece dos diferencias fundamentales con respecto a los otros dos episodioscaptura-de-pantalla-2016-12-16-a-las-15-34-51 mencionados: la esperanza que se desprende de su final feliz y la inversión de la distopía que plantea: no es una sociedad futurible la que se presenta como negativa para sus personajes sino que, más bien, es la sociedad pasada la que no les había permitido desarrollarse plenamente y ser dueñas de sus deseos. La duda moral que plantea el hecho de alcanzar la eternidad se convierte para las dos mujeres protagonistas en una posibilidad de redención, en una segunda oportunidad. La tecnología les ofrece el cielo para que se apropien, por fin, de sus vidas, aunque sea a través de sus muertes.
“San Junipero” es la confirmación de que denunciar las nuevas tecnologías no es, ni de lejos, la intención de Charlie Brooker con Black Mirror —como muchos sostienen—. El propósito del autor es, más bien, el de suscitar una reflexión sobre nosotros mismos a través de los nuevos escenarios que nos ofrecen los avances tecnológicos. Black Mirror es esa serie que se ha marcado el objetivo de hacernos preguntas a cuyas respuestas tememos enfrentarnos. Es esa serie que habla de ti y que habla de mí.

 

 

 

Series para acabar con el patriarcado

Hoy es el día contra la violencia machista, un día en el que acostumbramos mostrar repulsa hacia las agresiones que sufren (sufrimos) las mujeres por parte de algunos hombres en el contexto de una sociedad, la nuestra, profundamente heteropatriarcal. Hoy es ese día en el que desaprobamos la violencia de género mientras pensamos que nos es algo ajeno, mientras nos sentimos libres de toda responsabilidad. Hoy, los medios de comunicación condenan sin titubear la violencia machista entre anuncios de detergente dedicados al público femenino, presentadoras que son mostradas y tratadas como objetos y tertulian@s que juzgan a las mujeres por sus comportamientos sexuales. Por desgracia, cada 25 de noviembre, mucha gente sigue focalizando el problema en lo obvio (moretones y huesos rotos) sin pensar en los continuos mensajes machistas que se reproducen con normalidad en nuestro entorno y ante nuestros ojos, mensajes que calan hondo y que muchas veces contribuimos a perpetuar, reforzando y respaldando a aquellos que agreden. Y es que resulta que la violencia machista abarca mucho más de lo que podemos ver en la superficie.
Pero ¿por qué hablar de esto en un blog sobre series? Porque la ficción da forma a la realidad (Robert Mckee) y viceversa, porque nos habla del mundo en el que vivimos, nos habla de quiénes somos. Y ahí reside su valor cultural y social. Lo que las historias ficticias nos cuentan, lo que proyectan, es importante. Así que hoy es el día en el que vamos a mencionar esas series (algunas de ellas) que combaten el patriarcado, que lo desafían, que lo afrontan mostrándonos realidades muy alejadas de los tradicionales roles de género.

captura-de-pantalla-2016-11-25-a-las-10-55-36Empecemos hablando de humor y de su capacidad para reflejar la realidad y para ofrecernos un espejo en el que mirarnos. Si buscamos comedias contrarias al patriarcado tenemos opciones maravillosas y súper inteligentes como Girls, Catastrophe, Fleabag, Transparent o Better Things, obras creadas y protagonizadas por mujeres que dinamitan los estereotipos de género en el que otras comedias basan su humor, como es el caso de The Big Bang Theory, sexista le pese a quien le pese. Los personajes femeninos de estas series guían las tramas, son complejos e independientes y tienen que lidiar con muchos de los problemas que les presenta una sociedad machista que intenta imponerles objetivos que no son los suyos. Son mujeres que huyen de la esclavitud de lo sexy y que tienen una visión muy diferente de las relaciones de pareja, de la amistad o de la maternidad, por lo que ofrecen puntos de vista que subvierten lo establecido.
También en el ámbito del drama podemos encontrar ejemplos estupendos. De un tiempo a esta parte, lascaptura-de-pantalla-2016-11-25-a-las-10-57-01 mujeres están conquistando géneros tradicionalmente asociados a y dominados por lo masculino, como el thriller, las historias de acción, las aventuras de superhéroes o la política. En el primer grupo encontraríamos series como Forbrydelsen, Happy Valley o The Fall (que denuncia la misoginia institucional); en el segundo, la ya considerada serie de culto Orphan Black y la aplaudida Homeland; en el tercero, la sorprendente Jessica Jones; y, en el último, la inteligentísima Borgen. De nuevo, cinco series en las que un grupo de mujeres fuertes llevan el peso de unas historias que no giran en absoluto en torno a la búsqueda del amor romántico y que ocupan puestos de trabajo y exhiben comportamientos que tradicionalmente se muestran opuestos al trasnochado concepto de femineidad, el mismo que en series como The Walking Dead se han propuesto destruir (sí, ahora ellas dirigen el cotarro).
Y después están aquellas ficciones que algunos califican malintencionadamente como “series de chicas” con el propósito de reducirlas a productos de baja calidad solo consumidos por mujeres ávidas de historias ñoñas y simplonas. En esta categoría entrarían la excelentísima The Good Wife (a la que muchos no se acercan por prejuicios) o la genial Las chicas Gilmore, dos ficciones a las que jamás se les podría acusar de regirse por bajos estándares. De hecho, la primera es, probablemente, una de las mejores series de los últimos años. Claro que tampoco podemos despreciar las lecciones de feminismo que nos da Shonda Rhimes a través de sus productos deliberadamente locos e hipertrofiados. Series como Anatomía de Grey, Sin cita previa o Cómo defender a un asesino han tratado asuntos como la maternidad, el aborto o las agresiones sexuales de un modo muy acertado, por no olvidar que todas muestran a mujeres muy válidas y ambiciosas en el terreno profesional.
Hace unos meses, Jill Solloway, creadora de Transparent, recogió su Emmy y aprovechó su discurso de agradecimiento para defender la urgencia de cambiar la industria al grito de “¡Derrocad al patriarcado!”, mientras explicaba que la receta para lograrlo era tan sencilla como “colocar a las mujeres, las lesbianas y las transexuales en el centro de las historias y tratarlas como sujetos y no como objetos”. Afortunadamente, la televisión da cada vez más muestras de estar pegada a la realidad y de no temer apostar por personajes femeninos fuertes, complejos, contradictorios y ambiguos que se alejan mucho de ser simples accesorios. Ojalá esa tendencia siga en alza y nos traiga más mujeres empoderadas, mujeres en las que sí queremos reconocernos, mujeres que dan una patada al patriarcado y que nos acercan más hacia el final de la violencia machista.

“Oh, screw beautiful! I´m brilliant. If you want to appease me compliment my brain”. (Cristina Yang – Grey´s Anatomy) 

“No one could ever hate me as much as I hate myself, okay? So any mean thing someone’s gonna think of to say about me, I’ve already said to me, about me, probably in the last half hour!” (Hannah Horvath – Girls) 

“Man fucks woman. Subject: man; verb: fucks; object: woman. That´s OK. Woman fucks man. Woman: subject; man: object. That´s not so comfotable for you, is it?” (Stella Gibson – The Fall) 

“A woman, I forget who, once asked a male friend why men felt threatened by women. He replied that they were afraid that women might laugh at them. When she asked a group of women why women felt threatened by men, they said, “We’re afraid they might kill us.” (Stella Gibson – The Fall) 

“I have a horrible feeling that I am a greedy perverted selfish apathetic cynical depraved morally bankrupt woman who can’t even call herself a feminist.” (Fleabag)

“I’m gonna try something I may regret, but at least I’m gonna try it.” (Alicia Florrick – The Good Wife)

“It´s anti-women, it´s gender-selective, it´s “oh, let´s drink a beer and watch the game and hike our shorts up” (Lorelai Gilmore – Gilmore Girls)

“I´m hardly the women I was a year ago” (Carol Pelettier – The Walking Dead)

“Not Marsha, not dear, not honey. Maggie. Maggie Rhee” (Maggie Rhee – The Walking Dead)