Betty Draper: la identidad como cárcel

He admitido en numerosas ocasiones que las mujeres de Mad Men me han cambiado la vida proporcionándome un punto de vista y un espacio de identificación muy amplio. Tras la perfección estética, un contexto supuestamente remoto y una esencia pausada y contemplativa (superemos de una vez el “en Mad Men nunca pasa nada”) se esconden una serie de verdades que son tan mías, tan nuestras, tan de las mujeres, que abruman. Conectar el pasado con el presente y descubrir que, en realidad, poco o nada ha cambiado, es una realidad a la que esta ficción nos ha obligado a enfrentarnos.
Las protagonistas de Mad Men han sido ampliamente estudiadas, como conjunto e individualmente. Sus evoluciones han sido escrutadas, sus frases han sido repetidas y sus conductas han sido analizadas. No obstante, hay un personaje femenino con que el que hemos sido profundamente injustos: Betty Draper.
captura-de-pantalla-2017-01-27-a-las-15-07-32La identidad, esa cuestión que se ha erigido como tema central de la serie, ha adquirido carices más profundos en lo que a las mujeres se refiere y es especialmente fascinante en el caso de Betty, aunque nos hayamos negado a verlo. Porque el doloroso debate entre “lo que debo ser y lo que quiero ser” es más intenso y desolador en lo que atañe a este personaje femenino, víctima de su propia máscara, incapaz de trazar una línea divisoria entre sus rasgos identitarios y su verdadero yo. Betty hace todo lo que se espera de ella y no obtiene nada de lo que le habían prometido. Y así, encorsetada, víctima de su belleza y su dulzura, atrapada por la imagen que proyecta, termina por descubrir la mentira sobre la que ha sustentado su vida. Pequeños actos de rebeldía, pequeñas explosiones, delatan su corazón roto. Y nosotros la juzgamos por salirse de su papel y la convertimos en uno de los personajes menos queridos de la serie —en uno de los más incomprendidos en realidad—. Porque lo que Betty hace es intentarcaptura-de-pantalla-2017-01-27-a-las-15-09-11 salir de la cárcel en la que la ha encerrado una identidad construida con valores impuestos, luchar por sacudirse la culpa y tratar de ser feliz. Injustamente para ella, la vida no se lo permite, y, aceptando estoicamente su destino, le hace a su hija el mayor de los regalos liberándola de las cadenas que la sujetaban: “I know your life will be an adventure”.
Reivindicar a Betty se hace necesario porque ella encierra muchas historias y muchas mujeres. Porque ella es Mad Men en esencia pura. Porque ella nos recuerda que el modo en el que pensamos de nosotras mismas, aquello que nos han contado que nos define, nos confina en una jaula en la que no hay cabida para nuestros verdaderos sueños.

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