Black Mirror: vacaciones en San Junipero

captura-de-pantalla-2016-12-16-a-las-15-33-04Black Mirror ha creado un nuevo concepto y se ha convertido en un género en sí mismo, un género que ha hecho muchas aportaciones a unos espectadores expertos que se han encontrado ante nuevos desafíos y que han absorbido las reglas del lenguaje que plantea para interiorizarlas en su imaginario. Porque, ahora, cuando decimos que algo es “muy Black Mirror” todos sabemos a qué nos estamos refiriendo.
Tal vez ese sea el motivo por el cual su nueva temporada se nos haya antojado menos transgresora —sobre todo en sus primeros episodios—. Estamos tan familiarizados con su universo que ya no somos fáciles de sorprender. La propia serie nos ha proporcionado herramientas para anticiparnos a su juego, si bien esto, desde luego, no devalúa la maestría de sus episodios —algunos auténticas obras maestras contemporáneas—, sino que nos hace más partícipes de ellos.
Su creador, Charlie Brooker, que ha firmado otras maravillas como Dead Set, se ha erigido ya como uno de los autores con más personalidad del momento. Su visión única hace de sus ficciones auténticas entidades ideológicas, objetos de reflexión que hablan sin piedad sobre nosotros mismos y que suscitan preguntas aterradoras. Cada episodio de Black Mirror supone un mazazo que nos deja asustados, aturdidos, llenos de dudas y profundamente incómodos. Y aún así queremos más. Reconocernos a nosotros mismos, aunque no nos guste la imagen que nos devuelve el espejo, nos encanta.
Black Mirror es esa serie que tiene episodios buenísmos y episodios brillantes. Los buenísimos son casi todos. En cuanto a los brillantes, hay uno por temporada: “The Entire Story of You” fue el de la primera y “Be Right Back” el de la segunda. En cuanto a esta nueva entrega, no hay duda: “San Jupinero” es el que se lleva el primer premio.
Los tres episodios tienen en común un enfoque intimista centrado en el amor, la pérdida y el modo en el que gestionamos nuestro pasado y nuestros recuerdos. Charlie Brooker convierte a las nuevas tecnologías en un pretexto argumental para hablar sobre nuestra propia condición como seres humanos en estas tres historias cuyo nivel de profundidad exige unas cuantas revisiones.

(A partir de aquí hay spoilers del episodio)

No obstante, “San Jupinero” ofrece dos diferencias fundamentales con respecto a los otros dos episodioscaptura-de-pantalla-2016-12-16-a-las-15-34-51 mencionados: la esperanza que se desprende de su final feliz y la inversión de la distopía que plantea: no es una sociedad futurible la que se presenta como negativa para sus personajes sino que, más bien, es la sociedad pasada la que no les había permitido desarrollarse plenamente y ser dueñas de sus deseos. La duda moral que plantea el hecho de alcanzar la eternidad se convierte para las dos mujeres protagonistas en una posibilidad de redención, en una segunda oportunidad. La tecnología les ofrece el cielo para que se apropien, por fin, de sus vidas, aunque sea a través de sus muertes.
“San Junipero” es la confirmación de que denunciar las nuevas tecnologías no es, ni de lejos, la intención de Charlie Brooker con Black Mirror —como muchos sostienen—. El propósito del autor es, más bien, el de suscitar una reflexión sobre nosotros mismos a través de los nuevos escenarios que nos ofrecen los avances tecnológicos. Black Mirror es esa serie que se ha marcado el objetivo de hacernos preguntas a cuyas respuestas tememos enfrentarnos. Es esa serie que habla de ti y que habla de mí.

 

 

 

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