Series que resucitan: el efecto nostalgia

Ahora que son muchos los que afirman aquello de que “la mejor ficción no se está haciendo en el cine sino en televisión” (afirmación que, por lo general, comparto), estamos viviendo dos recurrentes fenómenos que se encuentran en pleno auge: la adaptación de filmes al ámbito de la serialidad televisiva y la resurrección de shows que tuvieron su momento de gloria unos pocos (y en algunos casos, muchos) años atrás.

Captura de pantalla 2016-02-23 a las 18.56.11Con respecto al primer caso, tenemos un ejemplo fantástico: la maravillosa Fargo, que provocó la ira incontenible de muchos fans de la película que, al grito de “¿¿cómo osan??”, criticaron el proyecto cuando solo era eso y luego tuvieron que tragarse sus palabras y reconocer que la antología producida por los propios Coen es una de las mejores series de los últimos años. Hay gente que intenta desprestigiar la obra televisiva insistiendo en que “la película es mejor”. Pero asumámoslo, siempre hay esa gente.

Claro que la fiebre por trasvasar historias concebidas para el cine a la televisión también ha dado lugar a fracasos —en cuanto a audiencia o calidad— como Minority Report o Limitless, cuya inestabilidad narrativa no puede ser compensada ni con las apariciones esporádicas de su productor, la superestrella del celuloide Bradley Cooper, quien protagonizó la versión cinematográfica.

Pero hoy quiero centrarme en la segunda de las tendencias mencionadas: la vuelta o resurrección deCaptura de pantalla 2016-02-23 a las 18.56.49 series, el revival seriéfilo, que, aprovechándose de un marcado efecto nostálgico, prolifera sin cesar. Yo me atrevo a negar categóricamente que este fenómeno se debe a una carencia de ideas, a una falta de originalidad o a una generalizada huida de las musas, como algunos afirman. No hay más que ver algunas de las ficciones de los últimos años para darse cuenta de que hay mucha genialidad y un gran valor artístico en las creaciones televisivas. Pero es que la televisión, al igual que el cine, además de arte es industria, y en el complejo esfuerzo que supone conjugar estos dos aspectos de un objeto que está, además, en constante cambio, sucede que algunos de sus productos aparecen por motivos eminentemente comerciales. ¡Ojo! Esto no implica que todos los revivals tengan un motivo puramente económico. Los hay que sí, y de hecho esa es una de las pocas razones que le encuentro a la vuelta de series como Padres forzosos —reconvertida ahora por Netflix en Madres forzosas—, El príncipe de Bel-Air o McGyver. Son todas ellas series que, no hay duda, tuvieron su glorioso momento pero que, por su simplicidad y su incuestionable vínculo con el contexto cultural y temporal en el que fueron creadas, difícilmente podrán conectar con aquellos que no las vieron en sus años dorados, si bien podrán ser un entretenimiento nostálgico para muchos que crecieron con ellas. Desde luego se garantizan, como mínimo, una audiencia de partida nada desdeñable, pues no hay duda de que su efecto llamada es muy potente: una suerte de reencuentro con antiguos compañeros sobre los que quieres saber cómo les va. Sin embargo, es posible que tras un inicial “a ver qué tal”, el efecto nostalgia se acabe desinflando. Tal vez me equivoque, pero la aportación de estas ficciones resucitadas promete limitarse solamente a esto.

No obstante, otros revivals justifican su vuelta con razones más relacionadas con el aspecto artístico de la televisión, lo cual depende directamente también del propio carácter y valor de las series en cuestión. Y son tres los ejemplos que aquí se me ocurren:

Captura de pantalla 2016-02-23 a las 18.57.32Por un lado, está Las chicas Gilmore, que se despidió hace nueve años y que regresa a Netflix mediante cuatro episodios de noventa minutos a través de los cuales su creadora promete finalizar las historias de sus protagonistas del modo en que le hubiese gustado hacerlo tras su cancelación. Rori y Lorelai regresarán entonces, entre otros, por motivos narrativos, y nos regalarán, de paso, cuatro episodios cargados de diálogos inteligentes y constantes referencias a la cultura popular (probablemente muy en sintonía con la producción cultural actual).

En cuanto a los otros dos ejemplos, son obras cuya importancia fue inmensa para el desarrollo de laCaptura de pantalla 2016-02-23 a las 19.03.41 ficción televisiva tal y como la conocemos: Twin Peaks y Expediente X. Ambas asentaron muchos de los cimientos sobre los que se construyeron algunas de las series más alabadas de la historia de la televisión y ambas fueron enormemente novedosas y transgresoras en cuanto a sus tramas, sus temas, su estética y sus personajes (entre otras cosas). Por eso es interesante su vuelta, porque se produce en un contexto donde sus innovadoras aportaciones fructificaron de un modo en que ellas mismas no habían planeado o imaginado. ¿Cuál será su estrategia en este momento de magnífica complejidad? La de Expediente X ya la conocemos desde hace unas semanas (el último episodio de esta nueva temporada ha sido emitido ya): la insistencia total en la autoconsciencia, el autohomenaje y la autoparodia (recomendabilísimo el tercer episodio de esta nueva temporada titulado “Mulder and Scully Meet the Were-monster”). La de Twin Peaks está por ver.

Desde luego, siempre es agradable encontrarse con viej@s amig@s, claro que los motivos y lo que el reencuentro nos aporte también importan.

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