¿Por qué todo el mundo está hablando de Making a Murderer?

La serialidad tiene una ventaja muy significativa: permite un mayor y más profundo desarrollo de las tramas y de los personajes. No obstante, no es exclusiva de la ficción (estrictamente hablando) y encontramos buena prueba de ello en el éxito de series documentales como Serial, The Jinx o Making a Murderer. La serialidad es, en estos tres ejemplos, una gran aliada de las historias que se cuentan, y permite, entre otras cosas, que nos sumerjamos en los acontecimientos narrados con unos niveles de interés y empatía enormes, utilizando recursos propios de la ficción como los cliffhangers (escenas que, al final de un episodio, generan el suspense necesario como para que sintamos la necesidad imperiosa de ver la siguiente entrega).

Captura de pantalla 2016-02-10 a las 15.59.06Making a Murderer es un documental de diez horas de duración cuyos episodios nos acercan el caso de Steven Avery, un hombre injustamente condenado por una agresión sexual que, tras pasar dieciocho años en la cárcel, es liberado gracias a la aparición de nuevas pruebas que demuestran su inocencia. Hasta aquí nos encontramos con un caso relativa y desgraciadamente habitual. Lo extraño sucede cuando, dos años después de su liberación, Steven Avery vuelve a ser, de nuevo, acusado de cometer otro grave crimen. Este llamativo hecho fue el que condujo a Laura Ricciardi y Moira Demos a armarse con una cámara y dirigirse a la América profunda (la extraña localidad de Manitowoc, en Wisconsin) para seguir, durante diez años, el transcurso de una investigación que resultaba, a cada paso, más increíble.

Y aquí, precisamente, está el punto fuerte del documental, en su inverosimilitud, una inverosimilitud que no sería aceptada en una historia de ficción, una inverosimilitud ante la que los espectadores nos negaríamos a establecer un pacto de suspensión de la incredulidad pero que, en este caso, viene avalada nada más y nada menos que por la realidad, por los hechos de la vida misma. Porque lo que vemos en Making a Murderer es VERDAD. Porque Making a Murderer da sentido a la manida frase: “la realidad supera a la ficción”.
Todo es asombrosamente inverosímil en esta obra: desde el propio caso al que sigue hasta las personas a las que retrata o el lugar donde se suceden los acontecimientos. Twin Peaks es normal al lado de Manitowoc. Pero es que Manitowoc y sus lugareños son REALES.

Y es que resulta que, aunque Making a Murderer es un documental, nos permitimos incluso reconocer en ella elementos de series de ficción, como una intro que, por momentos, recuerda a True Detective y un estilo visual que bien podríamos comparar con Hill Street Blues por su estética sucia y decadente.

El instinto que tenemos al ver Making a Murderer es el de lanzarnos a googlear para comprobar la veracidad de los hechos, frenados solamente por el temor a los spoilers (y hemos descubierto que, sí, también se puede spoilear la realidad). La sensación que tenemos, en definitiva, al ver Making a Murderer, es la misma que teníamos al ver Fargo tras leer aquello de: “esta es una historia real”. Pero es que ÉSTA ES UNA HISTORIA REAL.

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2 comments

  1. Silvia · febrero 16, 2016

    Non vin historia coma esta: puxémonos a ver os capítulos o sábado e vímolos todos seguidos, ata as 5 da maña, porque sempre nos deixaba con ganas de saber máis. Ademais de increíble é moi frustrante

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