American Crime: verdades incómodas

No es fácil ni agradable ver la exposición, cruda y sin aderezos, de nuestros prejuicios más repugnantes —y por desgracia comunes—. Cuando lo peor de la condición humana nos es mostrado como algo ajeno, algo que harían otros y que nos confirma lo malos que son algunos y lo buenos que somos nosotros, se produce, al margen del horror, una suerte de placer en el descubrimiento de nuestra (aparente) bondad. Esto ocurre cuando la malignidad es tan obvia, tan aparatosa, que no puede más que sernos lejana, que no puede más que evidenciar nuestra superioridad ética y moral.

Nos olvidamos a veces de que el odio y los prejuicios han encontrado en la actualidad formas más sutilesCaptura de pantalla 2016-01-22 a las 15.43.52 (y a veces no tanto)
de hacer mella en nuestra sociedad, que subyacen silenciosamente en actos y comentarios cotidianos y que terminan por estallar y hacer ruido cuando se produce un acontecimiento que deja a la vista lo peor de nosotros mismos.

Este es el motivo por el que American Crime es una serie tan incómoda, porque es más fácil ver la maldad cuando no nos reconocemos en ella, cuando parece propia de otra época, de otra cultura o de otro lugar muy, muy lejano. No obstante, lo
que vemos en American Crime es un catálogo muy realista y muy duro de las diferentes maneras en las que los prejuicios racistas, machistas, religiosos y homófobos se reproducen en una sociedad —la estadounidense— en la que nos reconocemos (o nos queremos reconocer) cada vez más y que se reproducen, en definitiva, en la sociedad occidental. La nuestra.

Si bien la primera temporada de esta antología nos resultaba más realista de lo que querríamos admitir (en base, sobre todo, Captura de pantalla 2016-01-22 a las 15.44.33a determinadas reacciones personales e institucionales), la segunda temporada promete ser demasiado cercana y rodearse demasiado de cotidianeidad, empujándonos a un malestar muy difícil de gestionar.

Los excelsos actores y actrices de este drama encarnan todo un repertorio de conductas y formas de pensar deplorables que, en ocasiones, esconden bajo una dañina corrección política. Y lo mejor de todo es que sus historias y sus mezquindades se nos presentan sin adornos y sensiblerías, sin moralejas subrayadas, sin condescendencia.

¿Es una serie dura? Mucho. ¿Es una serie incómoda? Más aún. Pero, desde luego, esas son dos de sus principales virtudes. Juzgad vosotros mismos y no sufráis demasiado. O sí.

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