A la deriva en un mar de plástico

Es cierto que la ficción televisiva española ha iniciado un cambio, un cambio que se desprende del hecho de que las series creadas en nuestro país se decantan por temas menos convencionales y poco tratados en las obras patrias y por una tendencia cada vez mayor a negarse a ser complacientes y a buscar llegar a absolutamente todos los sectores del público (desde el nieto hasta el abuelo).

Captura de pantalla 2015-10-05 a las 17.12.38Todo lo que nos habían contado de Mar de plástico nos invitaba a creer que estábamos ante un producto diferente y, sobre todo, sobresaliente, un producto que seguía la estela de las estupendas El Ministerio del Tiempo y Vis a Vis. Pero, por desgracia, muchos de los elementos que suponíamos como puntos fuertes terminan por lastrar una serie que prometía mucho más de lo que logra ofrecer.

Vaya por delante que su atmósfera y su fotografía son fantásticas y que la elección de su ubicación, su temática y su contexto es estupenda. La ficción bebe de grandes obras televisivas y cinematográficas como son Twin Peaks, Broadchurch y, sobre todo, La isla mínima, algo que ha llevado a muchos a hablar de “copia” o “plagio”. No es malo en absoluto que Mar de plástico encuentre su inspiración en shows y filmes como los mencionados, más bien todo lo contrario. El problema está en que, en un momento en que la intertextualidad es enormemente valorada por su capacidad para enriquecer la experiencia de visionado del espectador, aquí solo se presenta a modo de tópicos y clichés del género. La alusión es buena, los estereotipos no.

Captura de pantalla 2015-10-05 a las 17.13.04 Por otro lado, Mar de plástico pierde cualquier trazo de verosimilitud en el momento en que Rodolfo Sancho se pone y se quita las gafas de sol con actitud de “me automolo” y reparte leches como si se tratase del hermano pequeño de 007. Admitámoslo: las escenas de acción de la serie desafían toda credibilidad y rozan el ridículo.

La presencia de tantas caras desconocidas entre el elenco de actores de Mar de plástico podía resultar ser uno de sus puntos fuertes como ha ocurrido en series como Vis a vis. No obstante, las interpretaciones son, por lo general, bastante limitadas, produciendo un efecto contrario al deseado.

Uno de los aspectos más interesantes de la serie, más allá del whodunit que funciona como motor de las distintas tramas, es el trasfondo de la inmigración y el racismo, ese tema incómodo que, no por ello, deja de ser menos real en nuestro país. En cambio, la ficción no afronta el delicado asunto con valentía y honestidad sino, de nuevo, a través de tópicos y lugares comunes, sin la crudeza que esa vergonzosa realidad demanda.

Captura de pantalla 2015-10-05 a las 17.11.38En definitiva, viendo Mar de plástico tengo la sensación de que el tono que se pretende transmitir a través de su estética no se corresponde en absoluto con el de su relato. Su fotografía me dice una cosa y sus diálogos otra.

Es cierto que la ficción televisiva está cambiando en España, pero el miedo a arriesgar funciona como un freno que no permite a las historias y a los personajes alcanzar todo su potencial. Ese es, desde luego, el caso de Mar de plástico, que se ha quedado a medio camino entre lo que quería ser y lo que es. Lo que quería ser nos encantaba. Lo que es, no tanto.

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