Sí es país para series

Tras hablar en el post anterior de la maravillosa El Ministerio del Tiempo, me sorprendo a mí misma escribiendo de nuevo, sólo una semana después, sobre otra serie española. Yo, la misma que lleva años de intenso entrenamiento para rechazar de forma inmediata cualquier serie que produzca nuestra televisión, la misma que no quería ni oír hablar de ficciones patrias. Y es que hasta hace poco y, en general, nuestros productos televisivos eran sinónimo de tramas y temas trillados, costumbrismo rancio, humor casposo, personajes estereotipados y actores y actrices protagonistas que, en su mayoría, destacaban más por su físico que por sus dotes interpretativas -y capacidad de vocalización-.

En una ocasión leí en un manual de guión que las ficciones, para triunfar, debían lograr una audiencia heterogénea, lo cual se traduce en la inclusión de personajes e historias que abarquen diversas edades, ideologías y demás. Este consejo no está orientado a la representación de la diversidad social, cultural, racial o religiosa sino, más bien, a una complacencia absoluta, a la obsesión por agradar a todo el mundo y a la necesidad de sentar frente al televisor a varias generaciones para que compartan un producto “para toda la familia”. Evidentemente ese no es un consejo aplicable en la actualidad a las series estadounidenses –y a muchas series europeas- pero sí se venía aplicando, hasta no hace mucho, a las series españolas.

1No obstante, una pequeña revolución se está gestando en nuestro medio televisivo y esa necesaria revuelta lleva el nombre de algunas ficciones que merecen mucho la pena. El Ministerio del Tiempo es una de ellas y, por lo que vimos la semana pasada, Vis a Vis promete serlo también. Al fin las series españolas se están alejando de todo lo que se suponía que debían de ser y están explorando nuevos lugares con éxito y acierto. Al fin las series españolas no son para “toda la familia”. Desde luego Vis a Vis no lo es. Su multiplicidad de personajes no responde a una necesidad por captar a una audiencia amplia y heterogénea, obedece, más bien, al deseo de ofrecer un relato complejo. Muchos la han acusado de intentar ser la Orange is the New Black española, acusación que, a mi modo de ver, no es muy acertada. No podemos negar la influencia de la serie de Jenji Kohan, como tampoco podemos negar la influencia de otros dramas carcelarios como Oz o Prison Break, lo cual no tiene por qué ser necesariamente malo sino todo lo contrario. Porque hay mucho de positivo en el hecho de que una serie beba de otras grandes ficciones. ¿Acaso no hay muchos elementos de Twin Peaks, de The Sopranos, de Mad Men, de Six Feet Under o de The Wire (por mencionar sólo unas pocas) en dramas posteriores? Y de ello han salido grandes productos de los que surgirán, a su vez, otros estupendos shows. Porque así se tejen muchas veces las grandes historias.

Lo mejor que podemos decir hoy en día de una serie española es que es diferente. Y Vis a Vis lo es. Por3 su complejidad, por su temática, por su fotografía y su estética en general, por sus caras poco conocidas, por su ritmo, por el tratamiento de sus desnudos y por su falta de interés en agradar a todos y en “no molestar”. Porque hace ya mucho tiempo que en EEUU se preocupan más por el tipo de audiencia que atraen sus shows que por el número de personas que los siguen. Afortunadamente parece que aquí tenemos gente que también lo entiende así. El Ministerio del Tiempo es un ejemplo y Vis a Vis, por el momento, también. Parece que, al fin, España sí es país para series. Parece que, al fin, la revolución ha comenzado.

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