Mad Men es el TODO

mad men1Si eres fan de Mad Men probablemente estés experimentando dos circunstancias inevitables. En primer lugar, la preparación ante la que será una ausencia dura y difícil de llenar tras la despedida de la serie y, en segundo lugar, el hastío más absoluto tras escuchar, una y otra vez, que ese show que te encanta y que influyó incluso en el modo en que ves la vida es muy lento porque “nunca pasa nada”.
Yo he oído decir de Mad Men que “solamente es la recreación de una época”. Omitamos que el adverbio solamente ha sido utilizado en referencia a Mad Men cuando Mad Men es el TODO y centrémonos en mencionar sólo algunas de las cosas que ha aportado.

mad men draperDigamos, por ejemplo, que la de Weiner es, ante todo, una serie de personajes. Por encima del contexto histórico en el que se desarrolla, por encima de su atractiva y cuidada estética y por encima de las actividades publicitarias que, aparentemente, vertebran sus tramas, están unos personajes cuya complejidad ha sido alcanzada solamente por unas pocas series. La elección de la publicidad como eje central y como ocupación principal de los protagonistas no es, desde luego, arbitraria en una obra que se centra en un tema tan trascendente como es el de la identidad. Esto se hace más evidente en el personaje de Don Draper, cuyas tensiones entre su yo pasado y su yo presente condicionan todos los aspectos de su vida, pero es común a todos los personajes. Los protagonistas de la serie se debaten entre lo que son y lo que se supone que deben ser en una sociedad que los encorseta y los obliga a suprimir sus identidades verdaderas. Así, los publicistas de la agencia SCP no sólo venden productos sino que se venden a sí mismos, lo que significa que las campañas publicitarias más complejas y trabajadas de estos personajes son sus propias vidas.

Si hay quien considera que “Mad Men es lenta” y que “en Mad Men no pasa nada”, quizás es porque la serie ha hecho de la contención su sello y de la sutileza su bandera. Porque Peggy no grita cuando se supone que debería hacerlo, porque cuando pensamos que Don va a derrumbarse nos lo encontramos bebiendo un vaso de whisky tranquilamente y porque cuando Joan debería salir dando un portazo, sonríe y se va sin más. Porque en Mad Men tiene más significado lo que no se dice que lo que se dice, porque esta obra tiene un nivel de subtexto brillante que hace que constantemente estén pasando cosas, aunque no se expongan de manera obvia.

Pero el mayor disfrute del show se produce, sin duda, cuando te das cuenta de que lo que parece ser un retrato del pasado es, en realidad, un retrato de nuestro presente; que esos hombres y, sobre todo, esas mujeres en constante búsqueda de su identidad somos nosotros y que aún no nos hemos despertado de ese sueño sustentado sobre el capitalismo y el patriarcado que nos vendieron como ideal de vida –muchas veces a través, precisamente, de la publicidad-.

mad men 2A todos aquellos que decís que habéis desistido de ver Mad Men porque no pasa nada, os recomiendo que le deis otra oportunidad y os digo, ya de paso, que me dais mucha envidia por poder comenzar a ver una serie tan increíble por primera vez. Los que ya hemos llegado hasta aquí nos enfrentamos a una despedida que arrancó ayer en EEUU y que se dividirá en siete entregas, siete oportunidades más de seguir degustando esta delicatessen que, confío, nos dejará muy buen sabor de boca.

 

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