Las series, algo muy serio

El gusto por la serialidad no es algo nuevo, tiene muchos precedentes en diversas artes y medios como la literatura y la radio y no es exclusivo de ninguno de ellos pero es tal vez hoy y quizás en la tradicionalmente demonizada y vilipendiada televisión donde está alcanzando cotas insospechadas hasta el momento.

La evolución de las series en los últimos años, con especial mención a las ficciones creadas en EEUU y UK, ha sido enorme y ha tenido como consecuencia la migración de muchos grandes nombres de la gran pantalla hacia el aparato catódico.

Cuando Steven Bochco y Michael Kozoll lucharon para que la NBC les permitiera sacar adelante Hill Street Blues no podían sospechar que no sólo estaban consiguiendo establecer la figura del hoy respetadísimo showrunner, sino también plantando el germen de lo que sería una televisión diferente. En esta nueva etapa del menospreciado medio podían así existir series como Twin Peaks, cuya esencia encontramos en la base de muchísimas ficciones creadas en la actualidad.

Pero si Hill Street Blues inició el camino, fue The Sopranos la obra que consiguió el reconocimiento del status artístico del medio televisivo. No era ésta la pretensión de David Chase cuando creó a la señalada por muchos como la mejor serie de la historia, pues el creador de Tony Soprano odiaba profundamente la televisión y sólo vio en ella la oportunidad de desarrollar una historia que había sido inicialmente concebida para el cine.

Le gustase o no a David Chase, The Sopranos marcó el inicio de la llegada de grandes shows televisivos que seguían la estela que había dejado esta obra paradigmática de la HBO. La complejidad y la multiplicidad de tramas y personajes se convirtieron en rasgos definitorios de las nuevas historias creadas para televisión, lo que dio lugar a la creación de importantes y alabadas ficciones como Six Feet Under, Mad Men o Breaking Bad, por nombrar sólo unas pocas.

Éste es un gran momento para hablar de series, es el momento en que la televisión aparece cada vez más asociada al arte, el momento en el cual los espectadores tenemos más que decir que nunca (y, por primera vez, somos escuchados) y donde conceptos como la metaficcionalidad, la transmedialidad y la intertextualidad cobran más peso confiriendo a los textos una riqueza nunca antes vista en un medio al que sólo se le presuponía un rol de entretenimiento vacío y vacuo.

En este contexto donde las mejores historias se están gestando en la pequeña pantalla y en el cual el gusto por la serialidad ha alcanzado más relevancia que nunca, iniciamos este blog que, como habréis adivinado ya, hablará de series, porque la televisión, ese objeto en permanente construcción, tiene mucho que contar.

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